El corrillo de niñas estudiantes conversaba en medio del bullicio del recreo. La cercanía del fin de año, la graduación del sexto grado proyectaba la mente infantil, al ¿qué será, será? de un futuro que a sus doce años, aún era incierto. Las niñas reían y cada una proponía su propia ruta de vida futura: Maestras, doctoras, ingenieras, de pronto, con una sonrisa y los ojos brillando de la ilusión, una de las niñas dijo con resolución: Lo que soy yo, ¡yo sí me caso con un narco! Ciudad universitaria: Mientras esperaba en la fila para abordar el rapidito, una bonita universitaria de unos 21 años, conversaba con una amiga vía celular: ¿Estás viendo El Cartel? ¿Nooo? ¡De lo que te estás perdiendo! ¡Vieras que papacitos están los narcos! ¡Yo sí me casaría con un narco! Citado el 30 de mayo en EL HERALDO de Honduras: "El diario Milenio de México, destaca las declaraciones de María Luisa Calderón, hermana de presidente Felipe Calderón y aspirante del PAN a la gubernatura de Michoacán, refiriéndose a una encuesta privada acotó: ‘Un dato importante revela que el 40% de las niñas de las secundarias de Michoacán sueñan con tener un noviazgo con un narcotraficante’". Esta tragedia social y mortal moda tiene su origen en el halo de romance, aventura y heroísmo que el videojuego San Andreas, los narcocorridos y las ‘narconoverlas’ han conferido a la figura del narcotraficante dándole matices entre Piratas del Caribe, el Zorro y el Padrino. La escuela de la narcocultura presente en "El cartel de los sapos", "Las muñecas de la mafia", "El capo", "La reina del sur" y otras, les ha dopado el cerebro. Para la sociedad hondureña, con una media del quinto grado, ver en la tele a mafiosos que viven en el lujo, poseen finca con piscina y hacen "parties de miedo" con grupos musicales de moda y su propio corrillo armado con AK-47, van de ‘shopping’ a Miami y a Panamá en avión privado, no cuentan, sino que pesan los sacos de dólares, se acuestan con las mujeres más bellas de Colombia y recogen adolescentes a la salida del colegio y las devuelven preñadas de dólares y si van a la cárcel de "compadre hablado", se hospedan en una suite con TV plasma y bar privado. No importa si su autor, Andrés López, narco arrepentido, pretenda dar la moraleja que el que empieza mal termina mal, aunque a mí me parece que a López no le va tan mal. El ciudadano corriente piensa: "No me importa si para el lunes estoy muerto, ¡Pero por esta semana yo quiero vivir como ese capo de la novela!". Seguir en lo mismo es atacar las goteras con baldes en el piso. La prevención, que es anticiparse al delito, y atacar el mal no en la calle sino en la mente del niño, no tiene mucho padrinazgo en el gobierno, porque hay un problema: Prevenir es construir andamiajes de autoestima y honor en los salones silenciosos del alma infantil y allí no entran las cámaras de televisión, ni los flashes de la prensa, ni la grabadora de la cadena radial, por tanto no es noticia y así no interesa. Mientras, nuestra propuesta preventiva basada en sembrar valores seguirá esperando en alguna gaveta de la Secretaría de Seguridad. En esa espera, muchos jóvenes aparecen muertos en racimo, y las niñas de sexto se convierten en señoritas y esperan librarse de la pobreza afirmando: ¡Yo sí me caso con un narco!
En este blog hablaremos de todo, tocaremos temas como del expresidente Fox, del Narco como La Familia Michoacana y los Zetas, hablaremos del Nepotismo, de gente que hackea y del programa de Pedro Ferriz de Con
lunes, 6 de junio de 2011
“¡Yo sí me caso con un narco!” por Ruben Moreira
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